SITIO HISTÓRICO

           
  Además del valor ecológico y escénico que lo caracteriza, El Charco del Ingenio posee un destacado valor histórico, el cual apenas comienza a ser valorado.  En las laderas de la cañada subsisten vestigios del pasado, los cuales comprenden un amplio compás de tiempo, desde los restos de cerámica y lítica prehispánicas (periodo mesoamericano clásico), hasta el conjunto de obras hidráulicas posteriores a la Conquista, los cuales asoman aún entre la vegetación y que dan cuenta de una auténtica “zona industrial” que se desarrolló en la Villa de San Miguel el Grande.  
                                   
                                   
  La presencia de un caudal permanente y abundante de agua en la cañada, el cual brotaba de varios manantiales aguas arriba (hoy desaparecidos por causa de la indiscriminada extracción de agua del subsuelo), fue hábilmente aprovechado por los colonizadores españoles y criollos, quienes construyeron atarjeas, acueductos, batanes, molinos, represas, puentes y obrajes. Ya desde finales del siglo XVI se registra la autorización dada por el Virrey a un poblador español para hacer un “herido de agua para ingenio de la misma”, origen muy probable del nombre del estanque o charco principal, encajado al fondo de la cañada, y que designa al área hasta nuestros días. 

En uno de los mapas más antiguos de San Miguel, fechado en 1580, se registra ya este primer batán o molino de agua que menciona la autorización virreinal, el cual parece corresponder al edificio en ruinas que puede observarse aún en la parte alta de la cañada, cuya función era seguramente moler granos.
 
   
                                   
                                   
  MAPA DE 1580. -  Probablemente pintado por un tlacuilo, sobre papel de maguey. Representa a San Miguel y sus alrededores durante las guerras de Conquista, donde aparece el primer batán sobre el arroyo del Charco del Ingenio (ver recuadro).  Relaciones Geográficas de la Nueva España. Archivo de la Real Academia de la Historia de Madrid.  
                                   
                                   
  reconstrucción Dante Escalante, Historias de un Jardín copyright Ed. Santillana - el batán hoy  
                                   
  En mapas posteriores del siglo XVIII, en pleno auge económico de la villa novohispana, aparecen diversas y complejas obras hidráulicas sobre el mismo arroyo, notoriamente una represa (previa a la actual Presa Las Colonias), un molino, un acueducto y dos batanes, de los cuales es posible observar hoy su estructura abandonada.  
  Existen asimismo en torno a la cañada obras más recientes, como el los restos del puente del Antiguo Camino a Xichú, del siglo XVIII, al oriente de la presa, y el casco en ruinas de la hacienda Las Colonias, propiedad de la familia Sautto, del siglo XIX. Persiste íntegra la sólida cortina de la Presa Las Colonias, fechada en 1902, y a partir de ésta, los restos de un largo acueducto o tubo de hierro adosado a las paredes de la cañada, de principios del siglo XX, el cual fue utilizado para llevar agua a la fabrica textil La Aurora – industria heredera de los obrajes novohispanos -, con propósitos de generación de energía eléctrica.  
     
                                   
  Toda esta prolongada presencia humana en el Charco del Ingenio, la cual se pierde en los orígenes de la historia local, se vincula con una serie de leyendas y mitos en torno a la cañada y al solitario charco del ingenio – el cual, aseguran, “no tiene fondo”.  Los relatos ancestrales nos cuentan de El Chan, misterioso ser del inframundo que mora en sus aguas profundas y que a veces muestra sus poderes terribles a aquellos humanos que osan acercarse.

O de la aparición en noches de luna llena de un jinete sin cabeza, que no es sino el fantasma de Don Baltazar Sautto, el cruel propietario del obraje que, procedente del charco, recorre al galope las calles solitarias de San Miguel hasta el amanecer. También persisten hasta nuestros días cuentos y leyendas relacionadas con las cuevas de la cañada, como la del bandido Chuchuy, quien perseguido por los soldados desaparecía siempre entre los riscos, por una cueva larguísima que, dicen, sale hasta una casa del centro de la ciudad. 
 
                                   
  Toda una tradición oral por recuperar.  Y toda una serie de vestigios del pasado que subsisten hasta nuestros días, accesibles al visitante.  Todo ello forma parte del patrimonio histórico y monumental de San Miguel de Allende. Su estudio y restauración es todavía una tarea pendiente.