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LA GESTACIÓN DE UN JARDÍN
La propuesta original tomó forma mediante un plan maestro de diseño de paisaje, elaborado por los arquitectos Alejandro Cabeza y Enrique Pliego. El plan visualizaba un amplio Jardín Botánico inmerso en un área natural de conservación. Un espacio consagrado al estudio, la valoración y disfrute de la naturaleza, abierto a la población local, asimismo se planteó como una opción sustentable, en función de su indudable potencialidad turística.
De inmediato se iniciaron las labores de limpieza y cercado del terreno. Con el propósito de inducir poco a poco la flora y la fauna silvestres, se emprendieron diversas acciones de restauración ambiental. Entre ellas, la construcción de bordos, zanjas y presas filtrantes para retener agua, humedad y suelo, así como la poda y el saneamiento de la escasa vegetación existente, complementado con la plantación restringida de especies nativas.
En torno al predio original, y gracias a nuevos apoyos económicos, fue posible adquirir algunas fracciones adicionales y extender el sitio, hasta sumar las 67 hectáreas que conforman la propiedad del Jardín Botánico hasta la fecha. Una nueva e importante ampliación territorial del proyecto tuvo lugar en 1994, cuando Cante recibió en comodato por parte del gobierno municipal una fracción adicional de 35 hectáreas, contigua al Charco del Ingenio, con el compromiso de establecer un parque natural y recreativo de carácter popular: el Parque Landeta. De esta manera se sumaron más de 100 hectáreas en torno a varios cuerpos de agua y dentro de la zona de desarrollo urbano de San Miguel de Allende, libradas de la expansión inmobiliaria y consagradas a un proyecto novedoso y sustentable de conservación ambiental. EL DESARROLLO DEL JARDÍN
La extensión del terreno, así como su abrupta topografía y la existencia de humedales, ofrecen un ecosistema variado, con una sorprendente biodiversidad. A lo largo de los años y de manera natural, con algunas tareas de inducción, la flora autóctona se restablece gradualmente, desplazando los pastos forrajeros y otras especies invasoras. El ecosistema vive un saludable proceso de restauración, y especies que se creían desaparecidas resurgen año con año. Los más recientes estudios científicos realizados en el área, dan cuenta de un creciente número de especies de flora y fauna, muchas de ellas endémicas, amenazadas o en peligro de extinción. Algunas zonas perturbadas del Jardín Botánico y del Parque Landeta han sido destinadas a la reforestación, preferentemente con especies nativas de la biorregión, sobre todo árboles y arbustos propagados en el vivero del Jardín, resistentes a la sequía, al suelo pobre y al clima extremoso del lugar. Son ahora parcelas experimentales y demostrativas de un Arboretum dedicado a estudiar las características y posibilidades de tales especies. Todo este esfuerzo de conservación y promoción de nuestros recursos naturales ha recibido el reconocimiento de miles de visitantes de muy distintas procedencias que acuden día a día al Charco, así como de variadas publicaciones, instituciones y grupos conservacionistas dentro y fuera del país. Por esta labor constructiva, en 1995 Cante obtuvo el Premio Nacional al Mérito Ecológico del Gobierno de México.
La dinámica y la dimensión adquiridas por este proyecto de conservación impusieron la necesidad de crear una nueva organización independiente de Cante AC, dedicada específicamente al desarrollo del Jardín Botánico. Fue así que en 1998 fue constituida una nueva asociación civil: El Charco del Ingenio A.C., integrada por nuevos asociados de San Miguel, la cual recibió en donación la totalidad de los predios e instalaciones que integran el Jardín Botánico. El naciente organismo recibió asimismo la valiosa colección de plantas mexicanas, cuyo resguardo y manejo fueron autorizados por la Secretaría del Medio Ambiente (SEMARNAT) al año siguiente, mediante el registro del Jardín como Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA). La nueva organización, como propietaria y gestora del Jardín Botánico, ha basado su acción en un enfoque territorial. A partir de diversos ingresos económicos, ha buscado el autofinanciamiento sostenido de este proyecto de conservación ambiental. Ha integrado asimismo un personal capacitado en las distintas tareas del Jardín (atención al público, mantenimiento, propagación, manejo de flora y fauna, etc.), con el respaldo oportuno de estudiantes de servicio social y voluntarios de variadas procedencias.
Simultáneamente a su tarea primordial centrada en el manejo de los recursos naturales, el Jardín desempeña también una función social, como espacio de confluencia comunitaria local. Además de la diversas actividades que se desarrollan a lo largo del año, el Jardín es sede del Programa de Educación Ambiental de San Miguel de Allende (PEASMA). Este innovador programa combina valores y prácticas de la cultura popular con nuevas tecnologías alternativas, teniendo como principales receptores a niños y jóvenes escolares del municipio, quienes encuentran en el Jardín Botánico motivos y técnicas para la conservación ambiental. La presencia cotidiana de visitantes foráneos, mexicanos y extranjeros, se complementa con un creciente número de usuarios locales, quienes acuden regularmente al sitio con distintos propósitos, sobre todo de esparcimiento. Esto ocurre primordialmente en el Parque Landeta, amplio espacio recreativo de carácter popular, provisto de instalaciones para paseos, convivencias, días de campo y campamentos.
Y en 2005, tras años de gestiones impulsadas por el Jardín Botánico, un amplio conjunto territorial en torno al Charco del Ingenio fue declarado por el Ayuntamiento Zona de Preservación Ecológica, la cual está regulada por un Programa de Manejo y comprende una franja perimetral de amortiguamiento donde el desarrollo urbano está sujeto a restricciones especiales. Con ello se busca conservar este magnífico lugar como patrimonio natural e histórico de San Miguel de Allende. El Jardín Botánico del Charco del Ingenio se construye día a día como un espacio abierto y singular, con diversas vertientes de interés para todo tipo de público: un monumento natural, un hábitat de la vida silvestre, una colección botánica, un sitio histórico, un centro de educación ambiental, un espacio recreativo y de confluencia comunitaria. Como en su origen, continúa siendo una iniciativa civil autónoma, dependiente en gran medida de las aportaciones de sus visitantes y amigos, impulsores silenciosos de su florecimiento.
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