LA GESTACIÓN DE UN JARDÍN

           
                                   
  Los trabajos para el establecimiento de un Jardín Botánico y área natural de conservación en San Miguel de Allende comenzaron en 1989, por iniciativa de Cante AC, organización mexicana impulsora de diversos proyectos ecológicos y culturales, creada por Federico Gama y César Arias. La cañada monumental de El Charco del Ingenio, a la vez cercana y aislada de la ciudad, se presentaba como el sitio ideal para el proyecto imaginado: un área de gran valor ecológico, paisajístico e histórico, en peligro de ser alcanzada por la incontenible expansión urbana de la ciudad.

Gracias a oportunos apoyos económicos, Cante logró adquirir algunas fracciones del terreno, sumando alrededor de 30 hectáreas sobre laderas y acantilados de la cañada. A pesar de su carácter rústico, la mayor parte del terreno recién adquirido se hallaba gravemente afectado por la actividad humana ancestral: tala, extracción de suelos, cacería, sobrepastoreo, incendios, desmonte, acumulación de basura … Todo ello se tradujo en la perturbación de la biodiversidad, sobre todo en las partes altas de la cañada, expuestas a la erosión y a los efectos de un clima cada vez más árido y extremoso.La propuesta original tomó forma mediante un plan maestro de diseño de paisaje, elaborado por los arquitectos Alejandro Cabeza y Enrique Pliego.  El plan visualizaba un amplio Jardín Botánico inmerso en un área natural de conservación.  Un espacio consagrado al estudio, la valoración y disfrute de la naturaleza, abierto a la población local, asimismo se planteó como una opción sustentable, en función de su indudable potencialidad turística.

 
     
  De inmediato se iniciaron las labores de limpieza y cercado del terreno. Con el propósito de inducir poco a poco la flora y la fauna silvestres, se emprendieron diversas acciones de restauración ambiental. Entre ellas, la construcción de bordos, zanjas y presas filtrantes para retener agua, humedad y suelo, así como la poda y el saneamiento de la escasa vegetación existente, complementado con la plantación restringida de especies nativas.

La iniciativa de crear el Jardín Botánico en San Miguel de Allende fue respaldada desde su inicio por la autoridad federal en materia ecológica (SEDUE entonces), la cual otorgó el registro correspondiente, así como los permisos para colecta de plantas nativas de las zonas áridas y semiáridas de México, en un programa conjunto con el Instituto de Biología y el Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México. Con estos primeros ejemplares y de manera rudimentaria, el naciente Jardín comenzó a integrar su colección botánica.
 
                                   
  Una vez concluida la infraestructura y el equipamiento mínimos, tales como senderos, plazas, miradores y áreas de servicio y exhibición, el naciente Jardín Botánico de San Miguel de Allende estuvo en condiciones de abrir sus puertas al público.  El acto fundacional tuvo lugar durante el eclipse total de sol acaecido el 11 de julio de 1991.  Fue una emotiva ceremonia en la cual representantes de las comunidades locales de raíz indígena atestiguaron la fundación del Jardín, y levantaron ahí una cruz de ánimas, sacralizando el área en pos del cuidado de los recursos naturales, de la cultura popular y de la unión y conformidad de las comunidades de San Miguel de Allende. Desde entonces y cada año se celebra en el sitio la festividad de la Santa Cruz del Charco del Ingenio, con una gran concurrencia procedente de las zonas rurales y urbanas del municipio. Video de la fundación del CHARCO del INGENIO - julio 1991  
                                   
                                   
  En torno al predio original, y gracias a nuevos apoyos económicos, fue posible adquirir algunas fracciones adicionales y extender el sitio, hasta sumar las 67 hectáreas que conforman la propiedad del Jardín Botánico hasta la fecha. Una nueva e importante ampliación territorial del proyecto tuvo lugar en 1994, cuando Cante recibió en comodato por parte del gobierno municipal una fracción adicional de 35 hectáreas, contigua al Charco del Ingenio, con el compromiso de establecer un parque natural y recreativo de carácter popular: Parque Landeta. De esta manera se sumaron más de 100 hectáreas en torno a varios cuerpos de agua y dentro de la zona de desarrollo urbano de San Miguel de Allende, libradas de la expansión inmobiliaria y consagradas a un proyecto novedoso y sustentable de conservación ambiental.